Diario hiperlocal de noticias de Ciudad Real|Viernes, septiembre 19, 2014

Velas 

carmen ciudad VelasNo hay cosa que más me guste que una ciudad en la que las velas protagonizan los atardeceres por la calidez y belleza que transmiten. En la ciudad de Taormina, Sicilia, en los atardeceres del verano, las calles centrales se iluminan con las velas que los bares colocan en el suelo. En Florencia, la zona cercana al Ponte Vecchio luce levemente con tonos dorados. En Berlín la iluminación nocturna de las calles es escasa, lo que les da un aspecto romántico y misterioso, mientras que muchos bares lo hacen con velas.  En Pedraza de la Sierra, Segovia, los dos primeros sábados de julio alumbran con velas las calles, los balcones y murallas del pueblo; la plaza se cierra, las luces de las casas se apagan y miles de personas disfrutan de Los conciertos de las velas. En estos ejemplos la exigua iluminación no es obstáculo para que la gente los visite, al contrario, supone un aliciente ya que además de la oferta cultural también ofrece al turista o al viajero la sensación relajante que permite una luz difuminada.

Y lo mismo podríamos decir respecto al ruido. Como ejemplo de lo que no se debe hacer, en nuestra ciudad no son de recibo los fines de semana sobre todo ahora que empieza el buen tiempo, en los que el excesivo ruido callejero -no se contentan con que se concentre en los bares o discotecas- denota un despilfarro energético que para colmo es legal. Sería interesante saber en qué estado queda después la zona utilizada, me refiero a limpieza; a fin de cuentas no se entiende cómo molestaba tanto el botellón, que era barato y popular para seguir haciendo lo mismo. O peor, es mucho más escandaloso y molesto el ruido de los equipos de música que el que hace la gente conversando o riendo.

En los años sesenta/setenta en las facultades de arquitectura se estudiaba nuestra ciudad como modelo de lo que no se debía hacer a la hora de remodelar una ciudad, ya va siendo hora de romper con la inercia negativa y apuntarnos un tanto. Todo esto hace referencia a la necesidad de hacer una ciudad sostenible que no esquilme los recursos ambientales y energéticos, amortiguando en la medida de lo posible el impacto ecológico, y que no deteriore la salud de sus habitantes. Ello requiere una política basada en el decrecimiento y un paquete de medidas con calendario en relación a la energía, los residuos, y el agua; curiosamente seguro que el implementarlas resultaría fuente de trabajo para muchas personas, ya que las medidas ecológicas siempre requieren más mano de obra.

Animamos al Ayuntamiento -que no tiene una política en este sentido, todo lo más se contenta con realizar pequeños actos episódicos y simbólicos- a cambiar el sentido de sus actuaciones, para que las políticas sean globales, participativas y generen sinergias de sostenibilidad; para que a la hora de hacer las políticas reales se tenga en cuenta a la gente y sus necesidades, y no  sólo las de el negocio puro y duro. Lo demás es cambiar la fachada para que todo en el fondo siga igual, ya lo dijo Lampedusa.

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